domingo, 19 de febrero de 2012




Las celebraciones penitenciales: ¿una “novedad” en nuestro cronograma 2012?

El camino de la conversión y renovación cristiana y la espiritualidad conyugal (I)

El Concilio Vaticano II expuso la enseñanza de la Iglesia en relación con la liturgia y su importancia para la vida cristiana en los siguientes términos: “se considera la Liturgia como el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo. En ella los signos sensibles significan y, cada uno a su manera, realizan la santificación del hombre, y así el Cuerpo Místico de Jesucristo, es decir, la Cabeza y sus miembros, ejerce el culto público íntegro. En consecuencia, toda celebración litúrgica, por ser obra de Cristo sacerdote y de su Cuerpo, que es la Iglesia, es acción sagrada por excelencia, cuya eficacia, con el mismo título y en el mismo grado, no la iguala ninguna otra acción de la Iglesia” (SC 7).
Los Equipos de Nuestra Señora, Región Colombia-Centro, proponen en este año 2012 la realización de dos celebraciones penitenciales, orientadas a ofrecer a los Equipistas estos medios tan excelentes para el incremento de su espiritualidad conyugal.
En efecto, la comunidad conyugal, en cuanto comunidad de mutuo y pleno amor, establecida mediante el sacramento del matrimonio y destinada por Dios a llevar a cabo una misión excelsa (cf. GS 47), requiere, para su mantenimiento y florecimiento, del aprovechamiento de todos aquellos recursos que la favorecen. Además de aquellos soportes que tienen su origen en las diversas virtudes que hacen fuertes a los esposos, tales como la firmeza en el amor, la generosidad de corazón y el espíritu de sacrificio, es necesario que se esfuercen por llevar una vida santa por la gracia, que deben suplicar de Dios asiduamente en la oración (cf. GS 49).
Uno de tales recursos es, precisamente, el tiempo de cuaresma, cuyo objetivo consiste en preparar a todos los fieles para celebrar el misterio de la Pascua del Señor Jesús. Es un tiempo que se caracteriza por una escucha más intensa de la Palabra de Dios y por la oración, por un recuerdo del bautismo recibido y por el ejercicio de la penitencia. El pecado es ofensa a Dios pero también afecta las relaciones con los hermanos. Por eso, celebrar la penitencia, sometiendo los propios pecados a la Iglesia, sirve para incrementar aquel espíritu contrito que se quiere convertir cada día más y más al Señor. Y al mismo tiempo que los demás oran por nosotros, pecadores, oramos nosotros por ellos (cf. SC 109; PO 5).





El camino de la conversión y renovación cristiana y la espiritualidad conyugal (II)

Jesucristo, el Hijo de Dios, vivió entre los hombres para manifestar la misericordia de Dios, para librarnos de la esclavitud del pecado y hacer posible que los seres humanos pudiéramos entrar en la vida íntima de Dios. Es Él quien no deja de llamarnos a hacer penitencia, a arrepentirnos de los pecados cometidos y a incrementar la fe en Dios y en su Evangelio. Más aún, Jesús acogió a los pecadores y los reconcilió con su Padre; curó a muchos como señal del poder que tenía para perdonar los pecados; y murió por nuestros pecados, pero resucitó para nuestra justificación.
Como Pedro, obedeciendo el mandato del Señor, invitó al arrepentimiento para el perdón de los pecados a cuantos le escuchaban el día de Pentecostés, así la Iglesia continúa haciendo a través de los siglos lo que Jesús hiciera entonces. El bautismo es la primera muestra de la victoria sobre el pecado, y mediante el bautismo somos crucificados con Cristo para que vivamos para Dios. La eucaristía es el memorial de la pasión de Cristo, mediante el cual Él se hace presente, la Iglesia ofrece de nuevo el cuerpo entregado y la sangre derramada para remisión de los pecados, y el Espíritu Santo congrega a muchos en unidad.
Mediante el sacramento de la penitencia Jesucristo confía a la Iglesia el perdón de los pecados cometidos por los fieles después del bautismo, para que renueven la gracia y se reconcilien con Dios y con sus hermanos. Todos necesitamos purificarnos permanentemente, a fin de que la vida de Dios, sus dones, su verdad y su gracia fluyan más abundante y eficientemente por todo su Cuerpo. Los miembros de la Iglesia santa, no exentos de ello los esposos, estamos, sin embargo, expuestos siempre a la tentación y caemos, lastimosamente, en el pecado. Avanza ella en la historia por la vía de la penitencia y de la renovación, y lo hace de diversos modos: por el ejercicio de la paciencia, por la práctica de las obras de caridad y misericordia, viviendo cada día más el Evangelio de Cristo, dando testimonio ante el mundo.
Toda esta realidad la vive la Iglesia y la expresa en las celebraciones litúrgicas, de manera particular en las celebraciones penitenciales, así como en el anuncio de la Palabra, en las oraciones y en los momentos penitenciales de la Misa.
Las celebraciones penitenciales poseen pues un potencial de renovación cristiana – y, en nuestro caso, matrimonial – inmenso, por cuanto obtienen de Dios, por su misericordia, el perdón de las ofensas hechas a Él, al cónyuge y a los demás hermanos, a quienes el pecado ofendió; y se reconcilian con toda la Iglesia, que con la caridad, con el buen ejemplo y con las súplicas colabora con nuestra conversión. El efecto final de las mismas celebraciones en todos los miembros de la Iglesia consiste en el incremento del amor a Dios y en la entrega total a Él, de modo tal que, libres del pecado por la gracia de Cristo, unidos a todos los hombres de buena voluntad, realicemos en el mundo obras de justicia y de paz. En el caso de los esposos cristianos, y por su acogida eficaz de la gracia, ciertamente contribuye a hacerlos fuertes mediante la firmeza en el amor, la generosidad de corazón y el espíritu de sacrificio.



El camino de la conversión y renovación cristiana y la espiritualidad conyugal (III)

La conversión al Señor de todo corazón no es una obra que sea fruto sólo de nuestros propios sentimientos, de nuestras solas fuerzas. Es el Espíritu de Dios quien nos mueve a ella. Por eso, reclama de parte nuestra, unas disposiciones para acoger Su acción. En la Iglesia se han denominado las cinco “partes” o “momentos” del sacramento de la penitencia: el examen de conciencia, la contrición por el pecado, el propósito de llevar en adelante una vida nueva, la confesión hecha a la Iglesia, y la debida satisfacción.
La contrición es el dolor profundo que se revela con la detestación del pecado cometido. Es expresión del “cambio” íntimo o conversión de quien desea llegar al reino de Cristo y configurarse con Él, de modo que su pensar, juzgar y vivir sean similares a la santidad y al amor de Dios que se manifestó en Jesucristo. Es la señal de una penitencia auténtica.
La confesión de las culpas es resultado de un mejor conocimiento de sí mismo en la presencia de Dios y de la contrición del corazón. Con todo, en todos estos movimientos debe prevalecer  la misericordia de Dios, y no un “complejo de culpa”. Abrir el corazón al ministro de Dios y sometérselo a su juicio espiritual es hacerlo al mismo Cristo, quien pronuncia la sentencia de remisión o de retención de los pecados.
No habría verdadera y completa conversión sin el esfuerzo por enmendar la vida y sin la debida reparación por el daño cometido. Debe haber una auténtica reparación de las faltas y el empleo de los remedios contrarios al mal que nos aquejaba, de modo que se remedie el pecado, se  instaure una renovación de la vida y, “olvidando lo que quedó atrás”, nos lancemos a la meta que tenemos adelante.
Para los Equipos de Nuestra Señora, la invitación del Señor a seguirlo más de cerca, a vivir un amor más semejante al suyo, y a irradiar las gracias propias de los sacramentos del bautismo, de la confirmación, del matrimonio y de la eucaristía, encuentran una ocasión bien importante en la celebración comunitaria de la penitencia, con y sin confesiones, a la que estamos motivando.


Nota bibliográfica de los textos: Además de las referencias incorporadas en el texto, se han empleado citas de la Sagrada Escritura y de las Introducciones de los Rituales de los Sacramentos, publicados por la Congregación Vaticana correspondiente, en su edición típica. En castellano, tomadas del Ritual Conjunto de los Sacramentos, publicado por el CELAM.
Material elaborado para los ENS en la Región Colombia-Centro.



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