Las celebraciones penitenciales: ¿una “novedad”
en nuestro cronograma 2012?
El camino de la conversión y renovación cristiana y la espiritualidad conyugal (I)
El Concilio Vaticano II expuso la
enseñanza de la Iglesia en relación con la liturgia y su importancia para la
vida cristiana en los siguientes términos: “se considera la Liturgia como el
ejercicio del sacerdocio de Jesucristo. En ella los signos sensibles significan
y, cada uno a su manera, realizan la santificación del hombre, y así el Cuerpo
Místico de Jesucristo, es decir, la Cabeza y sus miembros, ejerce el culto
público íntegro. En consecuencia, toda celebración litúrgica, por ser obra de
Cristo sacerdote y de su Cuerpo, que es la Iglesia, es acción sagrada por
excelencia, cuya eficacia, con el mismo título y en el mismo grado, no la
iguala ninguna otra acción de la Iglesia” (SC
7).
Los Equipos de Nuestra Señora, Región
Colombia-Centro, proponen en este año 2012 la realización de dos celebraciones
penitenciales, orientadas a ofrecer a los Equipistas estos medios tan
excelentes para el incremento de su espiritualidad conyugal.
En efecto, la comunidad conyugal, en
cuanto comunidad de mutuo y pleno amor, establecida mediante el sacramento del matrimonio y destinada
por Dios a llevar a cabo una misión excelsa (cf. GS 47), requiere, para su mantenimiento y florecimiento, del
aprovechamiento de todos aquellos recursos que la favorecen. Además de aquellos
soportes que tienen su origen en las diversas virtudes que hacen fuertes a los
esposos, tales como la firmeza en el amor, la generosidad de corazón y el
espíritu de sacrificio, es necesario que se esfuercen por llevar una vida santa
por la gracia, que deben suplicar de Dios asiduamente en la oración (cf. GS 49).
Uno de tales recursos es, precisamente, el
tiempo de cuaresma, cuyo objetivo consiste en preparar a todos los fieles para
celebrar el misterio de la Pascua del Señor Jesús. Es un tiempo que se
caracteriza por una escucha más intensa de la Palabra de Dios y por la oración,
por un recuerdo del bautismo
recibido y por el ejercicio de la penitencia.
El pecado es ofensa a Dios pero también afecta las relaciones con los hermanos.
Por eso, celebrar la penitencia, sometiendo los propios pecados a la Iglesia,
sirve para incrementar aquel espíritu contrito que se quiere convertir cada día
más y más al Señor. Y al mismo tiempo que los demás oran por nosotros,
pecadores, oramos nosotros por ellos (cf. SC
109; PO 5).
El camino de la conversión y renovación cristiana y la espiritualidad conyugal (II)
Jesucristo, el Hijo de Dios, vivió entre
los hombres para manifestar la misericordia de Dios, para librarnos de la
esclavitud del pecado y hacer posible que los seres humanos pudiéramos entrar
en la vida íntima de Dios. Es Él quien no deja de llamarnos a hacer penitencia,
a arrepentirnos de los pecados cometidos y a incrementar la fe en Dios y en su
Evangelio. Más aún, Jesús acogió a los pecadores y los reconcilió con su Padre;
curó a muchos como señal del poder que tenía para perdonar los pecados; y murió
por nuestros pecados, pero resucitó para nuestra justificación.
Como Pedro, obedeciendo el mandato del
Señor, invitó al arrepentimiento para el perdón de los pecados a cuantos le
escuchaban el día de Pentecostés, así la Iglesia continúa haciendo a través de
los siglos lo que Jesús hiciera entonces. El bautismo es la primera muestra de
la victoria sobre el pecado, y mediante el bautismo somos crucificados con
Cristo para que vivamos para Dios. La eucaristía es el memorial de la pasión de
Cristo, mediante el cual Él se hace presente, la Iglesia ofrece de nuevo el
cuerpo entregado y la sangre derramada para remisión de los pecados, y el
Espíritu Santo congrega a muchos en unidad.
Mediante el sacramento de la penitencia Jesucristo
confía a la Iglesia el perdón de los pecados cometidos por los fieles después
del bautismo, para que renueven la gracia y se reconcilien con Dios y con sus
hermanos. Todos necesitamos purificarnos permanentemente, a fin de que la vida
de Dios, sus dones, su verdad y su gracia fluyan más abundante y eficientemente
por todo su Cuerpo. Los miembros de la Iglesia santa, no exentos de ello los
esposos, estamos, sin embargo, expuestos siempre a la tentación y caemos,
lastimosamente, en el pecado. Avanza ella en la historia por la vía de la
penitencia y de la renovación, y lo hace de diversos modos: por el ejercicio de
la paciencia, por la práctica de las obras de caridad y misericordia, viviendo
cada día más el Evangelio de Cristo, dando testimonio ante el mundo.
Toda esta realidad la vive la Iglesia y
la expresa en las celebraciones litúrgicas, de manera particular en las
celebraciones penitenciales, así como en el anuncio de la Palabra, en las
oraciones y en los momentos penitenciales de la Misa.
Las celebraciones penitenciales poseen
pues un potencial de renovación cristiana – y, en nuestro caso, matrimonial –
inmenso, por cuanto obtienen de Dios, por su misericordia, el perdón de las
ofensas hechas a Él, al cónyuge y a los demás hermanos, a quienes el pecado
ofendió; y se reconcilian con toda la Iglesia, que con la caridad, con el buen
ejemplo y con las súplicas colabora con nuestra conversión. El efecto final de
las mismas celebraciones en todos los miembros de la Iglesia consiste en el
incremento del amor a Dios y en la entrega total a Él, de modo tal que, libres
del pecado por la gracia de Cristo, unidos a todos los hombres de buena voluntad,
realicemos en el mundo obras de justicia y de paz. En el caso de los esposos
cristianos, y por su acogida eficaz de la gracia, ciertamente contribuye a
hacerlos fuertes mediante la firmeza en el amor, la generosidad de corazón y el
espíritu de sacrificio.
El camino de la conversión y renovación cristiana y la espiritualidad conyugal (III)
La conversión al Señor de todo corazón no
es una obra que sea fruto sólo de nuestros propios sentimientos, de nuestras
solas fuerzas. Es el Espíritu de Dios quien nos mueve a ella. Por eso, reclama
de parte nuestra, unas disposiciones para acoger Su acción. En la Iglesia se han
denominado las cinco “partes” o “momentos” del sacramento de la penitencia: el
examen de conciencia, la contrición por el pecado, el propósito de llevar en
adelante una vida nueva, la confesión hecha a la Iglesia, y la debida
satisfacción.
La contrición es el dolor profundo que se
revela con la detestación del pecado cometido. Es expresión del “cambio” íntimo
o conversión de quien desea llegar al reino de Cristo y configurarse con Él, de
modo que su pensar, juzgar y vivir sean similares a la santidad y al amor de
Dios que se manifestó en Jesucristo. Es la señal de una penitencia auténtica.
La confesión de las culpas es resultado
de un mejor conocimiento de sí mismo en la presencia de Dios y de la contrición
del corazón. Con todo, en todos estos movimientos debe prevalecer la misericordia de Dios, y no un “complejo de
culpa”. Abrir el corazón al ministro de Dios y sometérselo a su juicio
espiritual es hacerlo al mismo Cristo, quien pronuncia la sentencia de remisión
o de retención de los pecados.
No habría verdadera y completa conversión
sin el esfuerzo por enmendar la vida y sin la debida reparación por el daño
cometido. Debe haber una auténtica reparación de las faltas y el empleo de los
remedios contrarios al mal que nos aquejaba, de modo que se remedie el pecado,
se instaure una renovación de la vida y,
“olvidando lo que quedó atrás”, nos lancemos a la meta que tenemos adelante.
Para los Equipos de Nuestra Señora, la
invitación del Señor a seguirlo más de cerca, a vivir un amor más semejante al
suyo, y a irradiar las gracias propias de los sacramentos del bautismo, de la
confirmación, del matrimonio y de la eucaristía, encuentran una ocasión bien
importante en la celebración comunitaria de la penitencia, con y sin
confesiones, a la que estamos motivando.
Nota bibliográfica de los textos: Además de las referencias incorporadas en el texto, se han empleado citas de la Sagrada Escritura y de las Introducciones de los Rituales de los Sacramentos, publicados por la Congregación Vaticana correspondiente, en su edición típica. En castellano, tomadas del Ritual Conjunto de los Sacramentos, publicado por el CELAM.
Material elaborado para los ENS en la Región Colombia-Centro.
Nota bibliográfica de los textos: Además de las referencias incorporadas en el texto, se han empleado citas de la Sagrada Escritura y de las Introducciones de los Rituales de los Sacramentos, publicados por la Congregación Vaticana correspondiente, en su edición típica. En castellano, tomadas del Ritual Conjunto de los Sacramentos, publicado por el CELAM.
Material elaborado para los ENS en la Región Colombia-Centro.
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